El poder de la sotana (Con olor a incienso)

Réplica y Contrarréplica
Tipografía
  • Diminuto Pequeño Medio Grande Más Grande
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

Capítulo 26

Con olor a incienso

 

La religión sin la ciencia estaría ciega,

y la ciencia sin la religión estaría coja también.

Albert Einstein

 

La jornada había sido agotadora y llena de tensiones. Pedro del Campo llegó a su departamento dispuesto a meterse en la cama. Al abrir la puerta encontró tirado en el suelo un sobre color de rosa. Lo levantó y por instinto se lo llevó a la nariz: “Es de Leonora”, dijo sorprendido después de olerlo. Tomó el cuchillo de obsidiana y con el ritual que pudo haber acostumbrado el dueño original de esa daga precolombina (en este caso sin cuerpo humano de por medio), cortó el sobre que protegía el documento de la embajada de Estados Unidos en México. En la portada venía adherida la tarjeta manuscrita de su amiga y cómplice: “Para que te protejas de las venganzas. Con mi admiración a tus ideales. Leonora, la mujer que algún día volverás a ver”. Revisó los papeles después de suspirar por su “fabulosa hembra” y leyó un comunicado entre el Embajador estadunidense y el secretario de Estado Kellogg. En el documento se ponía de manifiesto el interés del arzobispo mexicano para que Calles fuera derrocado. Decía el oficio: 

La autoridad eclesiástica de este país ha manifestado al que suscribe, su decisión de enfrentar al gobierno de México. Transcribo a usted lo medular de la oferta: ‘En cada pueblo donde exista un sacerdote habrá una campaña en contra de Plutarco Elías Calles. Lo único que necesitamos es que Su Excelencia interceda para que el gobierno que dignamente representa nos dote de armas y pertrechos, material que desde luego pagaremos con monedas de oro y nuestra obsecuencia a sus deseos…’

Volvió a oler el sobre agregándole a la acción otro profundo suspiro que acompañó con las siguientes palabras: “Leonora no sabe el argumento diplomático que le ha dado al gobierno de México… ¿O sí lo sabrá?”

Alejandro C. Manjarrez