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Mié, May

El ascenso del águila (Crónicas sin censura 35)

Réplica y Contrarréplica
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Jaime Aguilar Álvarez se va de Puebla después de haber coordinado el trabajo político de la entidad en una importante etapa de transición

Deja muchos amigos, sin embargo, también queda uno que otro político resentido por no haber sido tomado en cuenta o porque se creyó elegido, indispensable, insustituible, importante, salvador de la democracia, dueño de la información, pilar ideológico del PRI, estratega electoral y baluarte de su terruño.

           Empero, la gran mayoría está de acuerdo en que durante su coordinación, el arquitecto Aguilar tuvo importantes aciertos.

           Uno fue atemperar las diferencias entre los partidos políticos y el PRI, antagonismos que, como usted sabe, aparentaban ser tan profundos como irreconciliables. Otro es su capacidad para comprender que en estos tiempos los caciques deben prescindir de su poder hegemónico, aceptando que las nuevas generaciones empiecen a ocupar los espacios políticos que les corresponden. Y el tercero le permitirá consolidar y ampliar la organización de su partido bajo una mística de trabajo y vocación social.

            En el primer caso destaca el establecimiento de una relación adecuada con la cúpula del PAN estatal, en especial con Francisco Fraile García, quien para este columnista ha sido el dirigente de la oposición más representativo, congruente y organizado.

            En el segundo caso, tuvo habilidad para dirigir los cacicazgos por la ruta del cambio, de la modernización paulatina. Y sin cometer el error de virar bruscamente, es decir tratar de exterminarlos o “ipso facto” convertirlos en promotores de la democracia, supo administrarlos y convencerlos de la importancia de ceder posiciones sin exponerse a sufrir los dolores que causan las amputaciones de uno o varios de sus tentaculos de poder.

           Asimismo, para validar su fama de político responsable, tozudo y trabajador, logró que sus compañeros ingresaran en una dinámica de trabajo cuyos frutos podrían incluir los indiscutibles triunfos del pasado proceso electoral federal. 

          Tenemos que en tres años de intensa labor política produjo en los priistas poblanos una mentalidad triunfadora (el trabajo también incluye la campaña que hizo gobernador a Manuel Bartlett Díaz). Don Jaime sembró semillas importantes, a saber:

          a) La Sierra Norte cuenta con una nueva estructura que de impulsarse hará más interesante y democrática la competencia política de la región (como usted sabe, aquellos rumbos eran algo así como la “propiedad política” de tres poderosas familias: la Jiménez Morales, la Esquitín, y la Fosado).

          b) En Tehuacán el PRI pudo zafarse del control de Amador Hernández y empezar a negociar con la familia Romero, las que podrían considerarse nuevas reglas destinadas a fortalecer la presencia priista en todos y cada uno de los municipios y comunidades del distrito que durante décadas estuvo bajo la férula del cacicazgo.

          c) Se rompieron varias de las estructuras caciquiles que dificultaban la vida política en una buena parte de los 217 municipios de la entidad y

          d) De no haber sido por la determinación del Tribunal Federal Electoral (TRIFE) de anular la elección de Atlixco después de aplicar un criterio muy discutible, éste hubiera ingresado a un proceso de cambio paradójicamente “validado” por Eleazar Camarillo Ochoa.

          La anulación de las elecciones en el IV distrito dio pie a una interesante respuesta del coordinador del CEN del PRI, actitud que sin duda ha revivido la dignidad política perdida por la comodidad, la mansedumbre, la disciplina y el temor de los priistas que curiosamente están contento con el relevo del coordinador.

          Como verá usted gracias a ese trabajo y con base a sus antecedentes políticos, Ernesto Zedillo decidió proponerlo para encabezar una delegación del Distrito Federal, en el momento en que dará inicio al proceso de transición encauzado a democratizar la capital del país. Enhorabuena.

 

19/XII/1994

Alejandro C. Manjarrez